El viejo río Zuaque, hoy conocido como río El Fuerte, dio vida a las primeras expresiones de una agricultura indígena incipiente que tenía en el maíz, el frijol y la calabaza su principal sustento.

El conquistador español se aposentó en las riberas del río para aprovechar su humedad, practicando una agricultura que se superaba con la incorporación de nuevos métodos de labranza, pero carente de capacidad e inventiva para desviar el agua a la tierra sedienta.

No fue sino hasta el año de 1880, cuando por iniciativa de Don Zacarías Ochoa, pionero de la industria del azúcar en Ahome, se construyó el primer canal que condujo el agua del río hacia tierras donde habrían de crecer la caña de azúcar, garbanzo, maíz y frijol, dando paso a una agricultura más segura y menos dependiente de las veleidades de la naturaleza.

En el mes de noviembre de 1886 desembarcan en Topolobampo los primeros colonos atraídos por el sueño visionario de Albert K. Owen, para fundar una ciudad naval con un ferrocarril transcontinental que uniera a la costa este de Estados Unidos con Topolobampo.

Aunque ese objetivo no se pudo lograr, los colonos dejaron ricas enseñanzas durante una década de trabajo comunitario, centrado sobre todo en la agricultura, en la que su principal legado fue la introducción de técnicas de cultivo hasta entonces desconocidas y la construcción de la primera gran obra de irrigación de Sinaloa, el canal de Los Tastes, cuyos trabajos culminaron el verano de 1892.

Con el declive del sueño utópico de Owen, aparece la figura de Benjamín Johnston, empresario norteamericano, quien con un alto sentido práctico para los negocios impulsa el desarrollo de la industria azucarera en la región, creando una compañía agrícola industrial cuya máxima expresión es la construcción del Ingenio Azucarero en el año de 1902 y la fundación de la ciudad de Los Mochis el mes de enero de 1903.

En este marco de bonanza cañera y de pujante poderío de la United Sugar Company, de Benjamín Johnston, la ciudad empezó a florecer, con la apertura de negocios dedicados a la venta de implementos, bombas y máquinas para trabajar la tierra.

Surge la siembra de hortalizas inspirada por un mercado norteamericano en expansión, por lo que en el año de 1907 se realiza la primera plantación de tomate, con el apoyo de compañías norteamericanas.

Esta actividad tuvo un auge muy importante, en forma tal que para el año de 1930 se encontraban operando alrededor de 60 empaques legumbreros en la región, que movilizaban su producción a la frontera de Nogales a través del ferrocarril South Pacific, recién estrenado.

A pesar de estos avances, la agricultura enfrentaba retos difíciles que era necesario superar: no existía el crédito agrícola, no había almacenes para proteger las cosechas, las limitaciones tecnológicas eran críticas, se padecían frecuentes inundaciones del río y para regar los cultivos se utilizaba el sistema de bombeo.

Los agricultores, particularmente los que se dedicaban a la producción de legumbres en las orillas del río El Fuerte, mostraban inquietudes de formar una organización que les permitiera encarar los problemas de su actividad.

La solución surgió cuando el presidente de la República, Pascual Ortiz Rubio, promulgó en agosto de 1932 la Ley Federal de Asociaciones Agrícolas Regionales, que marcó la pauta para que el 22 de noviembre de ese mismo año se publicara la Ley de Fomento de Asociaciones Agrícolas del Estado de Sinaloa, sentando las bases de organización del sector agrícola particular.

Fue así como el 25 de noviembre de 1932, un grupo de 83 agricultores del Valle del Fuerte fundó la “Asociación de Productores de Legumbres de la Región Agrícola del Río El Fuerte”, primer antecedente de la organización conocida actualmente como AARFS A.C., siendo su primer presidente un agricultor de San Vicente, el Sr. Venancio Hernández Gaxiola.

Esta naciente agrupación, en unión con otras cuatro asociaciones hermanas recién constituidas, dan vida el 28 de noviembre de ese mismo año a la Confederación de Asociaciones Agrícolas del Estado de Sinaloa, la CAADES, organismo cúpula de los agricultores sinaloenses, correspondiendo el honor de presidir a su primer Consejo Directivo al Sr. Eduardo R. Arnold, productor legumbrero de la zona de Buenavista, en Ahome.

La creación de la organización representa en medio de una agricultura de carencias, de empirismo en la explotación de la tierra, el gran parteaguas que anuncia el advenimiento de una era en la que el hombre, la tierra, el agua y la técnica habrían de conjugarse para elevar a nuevos horizontes el esfuerzo productivo en el campo.

La irrigación detona el potencial agrícola, liquidando lo obsoleto y costoso del sistema de bombeo. La construcción de los canales Sicae y Cahuinahua a finales de los años 40’s abren 80 mil hectáreas al cultivo en el Valle del Fuerte.

El empuje hidráulico alcanza dimensiones extraordinarias cuando las aguas de las presas Miguel Hidalgo se derraman en el valle a partir del año 1956, ampliando la superficie de riego a 230 mil hectáreas.

Una década después entra en servicio la presa Josefa Ortiz de Domínguez, que añade al cultivo 40 mil hectáreas más en el Valle del Carrizo y en el año de 1995 se inaugura la presa Luis Donaldo Colosio, obra portentosa largamente acariciada que habría de dominar la increíble vitalidad del río El Fuerte, consolidando el desarrollo agrícola regional y despejando el riesgo de catástrofes por inundaciones.

Con la incorporación del riego por gravedad, la agricultura avanza a pasos acelerados, se abren nuevas tierras al cultivo. Atraídos por este boom arriban a la región familias procedentes de otras zonas del país para unirse al naciente desarrollo agrícola.

Las cifras muestran un paisaje sobresaliente en los valles del norte de Sinaloa, 3.3 millones de toneladas producidas anualmente en una superficie cultivada de 300 mil hectáreas, representando el 40% de la agricultura estatal.

Tierra, agua, hombre y técnica se han conjugado para lograr estos resultados, añadiendo el rol trascendente de la organización, que ha sabido agrupar energías dispersas por la vía de la concordia y la cooperación para alcanzar metas comunes de superación.

Desde la que fue su primer sede en el año de su fundación, aquel sobrio edificio ubicado en la Villa de Ahome, pasando por diversos domicilios que albergaron sus oficinas en la ciudad de Los Mochis, hasta disponer de su actual edificio social que fue inaugurado en el mes de noviembre de 1967, y que desde entonces constituye un símbolo de la ciudad y orgullo de los productores asociados, la organización ha observado una trayectoria de crecimiento con el respaldo de la membrecía y la conducción acertada de administraciones que han sido leales y consecuentes con su espíritu de servicio y elevados objetivos.